La Caverna Abandonada
Solamente aquél que contribuye al futuro tiene derecho a juzgar el pasado
miércoles, diciembre 19, 2007
miércoles, mayo 16, 2007
miércoles, febrero 21, 2007
Gente
De algún modo, esta tarde, me he visto envuelto en una discusión absurda.
Situémonos, cafetería de la facultad, un compañero, un amigo y otro que se cree Dios y que ojalá no llegue a ser ni lo uno ni lo otro. El amigo está explicando algo y dice (en qué momento) que la visión en color es un lujo biológico. Que no es necesaria para sobrevivir. Dios, algo enfadado, dice que no. Que si no, no lo tendríamos y que todo lo que tenemos es imprescindible para vivir.
Yo estaba con la teoría de que la evolución nos ha dotado de mucho más de lo que necesitamos (p.ej.: dos riñones, muchos músculos en la cara o 7 metros de intestinos y no 6 y medio. El caso es que el tono de Dios empezaba a irritarme, pero quien me conoce sabe que es fácil que alguien no me caiga bien y no debería importar mucho, aunque debo decir que llamó gilipollas a los neurocientíficos que “creen poder contar cuántas neuronas hay en el cerebro o cuántas conexiones tiene”, porque eso es imposible. Lo cierto es que yo también tengo un buen ego, pero me gusta informarme de los temas antes de afirmar estupideces… una vez informado puedo decir todas las estupideces que quiera, pero ya puedo hacerme cargo de que lo son…
El caso es que la conversación, de algún modo, llegó al punto, y yo flipaba, de que los homosexuales deberían tener el matrimonio prohibido porque (atención!) los gays “van a putear a familias heterosexuales de vedad, con hijos, que quieren acceder a una vivienda protegida quedándosela ellos para follarse” y (atención !!!), en relación a su derecho a la adopción, “es más probable que un homosexual sea pederasta a que lo sea un heterosexual, porque si te gustan más cosas que las mujeres, es más probable que pases a otras cosas luego”
Verídico. Pero creo que es prudente que os vuelva a situar, para entonces mi amigo se había ido y sólo estaba con el compañero que le daba la razón (¿?) y el tipejo que se creía Dios. Todos estudiantes de filosofía.
Yo nunca tomaría en serio la afirmaciones en torno a la sexualidad que hace un tío cuya mayor fantasía sexual es perder la virginidad… pero así son las cosas. Cuando uno debe ser cruel, tiene que serlo, pero siempre desde la honestidad.
Yo, como no podía parar de flipar, le pregunté que de donde coño se sacaba sus datos, que si había ido a una cárcel y había preguntado qué porcentaje de pederastas eran homosexuales o si al menos se había tomado la molestia de preguntar a un psicólogo (le ofrecí darle la razón si ganaba al mejor de 5 psicólogos elegidos por él en la facultad de psicología de la Complutense, pero se ve que no quiso). No, me dijo que el sabía de muy buena tinta que era así y que lo había visto con sus “ojitos”.
Yo llevaba un rato ya intrigado por cómo funcionaba la cabeza del sujeto, ya que no parecía responder a las mismas leyes lógicas que cualquier persona. Estuve tentado de llevarle a un neurólogo “gilipollas” a ver qué le diagnosticaba. Es increíble que haya gente como esta y se pueda decir que son de la misma raza. Las mismas neuronas, pero decididamente, en otro orden.
¡Ah!, lo olvidaba. La cosa mejora aún más si os digo que el tío constantemente (a parte de levantar la voz) me decía que yo era un cerrado de mente que hacía por no comprender.
Eso no lo sé, pero como actor debo ser la leche, porque contener la risa histérica como en ese momento debe haber pocos que lo hagan.
Como no quiero discutir más el tema, no expondré mi opinión argumentada, se que pensáis algo bien parecido. Lo dejo como hecho de que estudiar años de filosofía no quitan la gilipollez a los casos límite (los sentimos, colaboradores de la COPE…)
P.D.: Dicen que sólo sobrevive uno de cada tres blogs a sus primeros meses. Los míos podrían citarse como ejemplo de la estadística, pero debo decir que yo sólo los he dejado en stand-by. Además nunca me ha gustado forzarme a escribir y hasta hoy no me había sentido con ganas (en inglés la expresión es más sugerente “I haven´t felt like writing till today”). No me había sentido como escribiendo…
Si quisiera hacer un informe de lo que ha ocurrido desde las últimas veces que escribí, sería inexcusable obviar la sustancial mejora de mis relaciones con mis compañeros de la facultad, a los que ahora llamo “amigos”, mi re-toma de contacto con mi ex-novia, aunque ella parece menos interesada en la que fue la “persona de su vida” durante un año y medio de lo que me gustaría y alguna otra cosa. Pero no quiero.
Sólo quería contar, a quien lea esto y le interese, que he escrito antes algo que subiré a la Hoguera y a The Eye, que he estado leyendo cosas que escribí y me he dado cuenta de que algunas cosas me gustan más de lo que recordaba y que pretendo retomar el tema de los blogs, al menos por un tiempo, aunque con algo de calma.
jueves, octubre 26, 2006
Fotografía
Me gusta hacer fotos y últimamente he dedicado mucho tiempo la siguiente página:
http://www.flickr.com/photos/lst1984/
Tal vez mi momentáneo abandono de los blogs se deba a ello...
miércoles, octubre 25, 2006
Canciones y verdades
Hay viejos pensamientos de actores muertos que interpretan funciones pasadas que no dejan de asaltarme y que no ahuyento.
Los altavoces, acompañando a mis dedos, murmuran:
It's only you, beautiful.
Or I don't want anyone.
If I can choose.
It's only you.
But how could I miscalculate...
perfect lies from a perfect dame.
If I can choose... it's only you.
Han pasado muchas cosas, algunas incluso serían consideradas por bastante gente como un avance. Incluso el futuro se aparece prometedor, tanto el inmediato como el lejano. Tan prometedor como yo lo haga.
Cada vez tengo más claro cómo soy y cómo quiero ser. Y cada vez tengo más claro que eso es una virtud, no paro de ver cómo la gente se engaña a sí misma a mi alrededor. Cómo justifican sus acciones y sentimientos en cosas que saben que son falsas pero les hacen sentir bien. Ellos sabrán, pero si alguna vez se derrumba su castillo de naipes, tal vez se sientan demasiado desorientados como para levantarse durante mucho tiempo.
Los altavoces, aún de fondo, dicen ahora:
Whatever poison's in this bottle will leave me broken sore and stiff.
But it's the genie at the bottom who I'm sucking at. He owes me one last wish.
So here's a present to let you know I still exist.
I hope the next boy that you kiss has something terribly contagious on his lips.
But I got a plan (I got a plan)
Drink (drift) for forty days and forty nights.
A sip for every second-hand tick.
And for every time you fed me the line, "you mean so much to me...".
I'm without you.
Bueno, tal vez nunca deje de echar ciertas cosas de menos, pero al menos sabré que ya se perdieron para siempre y que no debo pasarlo mal intentando que vuelvan.
jueves, octubre 05, 2006
Un clavo ardiendo
Mi facultad tiene algo especial, mágico. Cada mañana se me hace un mundo despertarme para ir allí, vendería mi alma por dormir siempre un poco más, una y otra vez apagando el odioso despertador para sumirme de nuevo en el feliz mundo donde los problemas se disipan en fantasías oníricas. Pero como el maldito bufido electrónico es tan molesto y la poca voluntad que tengo se alía con mis remordimientos no tengo más remedio que dirigir mis largos pasos hacia allí.
Una vez dentro, algo cambia. La sensación de estar aprendiendo algo que me fascina me rodea y me restriega por la cara que estuve a punto de no ir. Me dan ganas de ir a la biblioteca y leer toda esa montaña de libros que recomiendan los señores doctores, sin embargo mi falta de voluntad esgrime el temible argumento de “bueno, ya lo haré mañana”, se apunta un tanto y me encamina a la cafetería donde casi siempre hay alguien con quien puedo hablar y si no a la sala de ordenadores, mi viejo santuario durante el año pasado, como diría Fuentes, mi centro de apertura cognoscitiva a la totalidad de Internet.
Y si no, el campus. Alguien antes o después te dice “eh, tú” y te saca de tus pensamientos. Cuando, ya al final, todo parece perdido y hay que volver a casa siempre me pregunto si no hay algo más que pueda hacer, aferrándome a cualquier motivo para quedarme allí un rato más.
¡Vaya!, puede pensar cualquiera, parece el testimonio de un empollón cursi y empalagoso que desea contar a todo el mundo lo guay que es la universidad. Pues una de dos, o es eso, o es el relato de un chico que se apega al único sitio que no le recuerda a su ex-novia ni el infierno que se le hace la vida en su casa y trata de volcarse en un mundo que el año anterior descuidó para dedicarse a ella.
A veces uno no puede dejar de tener la sensación de que camina hacia delante, pero sobre una máquina de correr.
De momento me agarraré a mi clavo ardiendo y trataré de creer que me van bien las cosas. De momento…
sábado, septiembre 16, 2006
Cambios y no tanto:
Uno de mis mejores amigos de estos últimos años y que además vivía a dos manzanas de mi casa se muda a 40 kilómetros y dos zonas de “Abono Transportes” de distancia.
“No, pero seguiremos quedando como antes” pero ambos sabemos que no, que pese a tener realmente poco en común en gustos, carácter y pasado, una amistad asombrosamente sólida y comprometida va a diluirse en el aire del recuerdo a nada que pasen un par de años. ¿Y que esperaba? ¿Qué durase para siempre? No, pero me quejo igual y quien me llame ingenuo puede saber que me la sopla ampliamente.
Además y gradualmente me voy desprendiendo de los últimos restos de la mayor decepción (y supongo que no la última de lo que se perfila como una larga lista) que he sufrido hasta la fecha, y aunque se acerca un año que quiero que sea memorable, me temo que será poco más de lo mismo.
Pero “la vida es lo que uno hace de ella” y yo no quiero pasármela preguntándome qué habría pasado si yo… lo que sea.
Si me salió bien el examen de Lógica que afronté con una preparación escasa (y eso ya es concederme demasiado) pasaré limpio a segundo y si hay suerte el año que viene intentaré irme de Erasmus a Alemania. Pero depende de mi, depende de que la maldita vergüenza quede atrás y me deje saltar y descubrir qué hay abajo… o dármela, pero al menos lo sabré.
Por ahora, y hasta que sea el momento de saltar, voy a compartir una descripción de un viaje en tren que me asombró, de Thomas Pynchon, ¿quien si no?.
El arcoiris de la Gravedad (pag. 388):
Una semana más tarde está en Zurich, tras un largo viaje en tren. Mientras las criaturas metálicas, en su soledad, días de enclaustramiento y neblina constantes, se pasan las horas imitando, jugando a las moléculas, remedando su síntesis industrial, su rotura, su unión, su acoplamiento y su nuevo acoplamiento, él dormita, dormita entrando y saliendo de una alucinación en el teatro de los Alpes: abismos, túneles, esfuerzos increíbles para escalar pendientes imposibles, cencerros en la oscuridad, terrenos verdes por la mañana, olores de húmedas praderas, siempre a través de las ventanas una brigada de hombres sin afeitar ocupados en reparar un trozo de la vía, largas esperas en las estaciones ferroviarias de clasificación, donde los rieles se extienden como las líneas que muestran las capas de una cebolla al ser cortada por la mitad, de punta a punta, lugares grises y desolados, noches de silbatos, de acoplamientos, de estrépitos, de vías muertas, atardeceres de vacas de mirada fija en las laderas de las colinas, convoyes militares esperando en los cruces mientras el tren resopla, en ninguna parte se observa jamás un claro sentido de la nacionalidad, ni siquiera de los lados beligerantes: sólo existe la Guerra, un único y dañado paisaje, en el cual la «Suiza neutral» constituye una convención no demasiado clara, que se observa con tanto sarcasmo como la «Francia liberada», la «Alemania totalitaria», la «España fascista» y cosas así.



