La Puerta de Agua II: Caídas y Sorpresas
Resituémonos: Lo último que sabíamos del caso era que McCord le había mandado una carta al juez Sirica confesando irregularidades en el juicio. Sin embargo, un mes antes había pasado algo interesante que no mencioné. Más que interesante, es fundamental para el caso: El 7 de Febrero, con una aplastante mayoría, el Senado aprueba la creación de un comité de investigación llamado Comité para la Investigación de las Actividades de la Campaña Presidencial, con el senador Sam Ervin al mando.
¡Qué pequeño es el mundo!, debió de pensar más de uno, ya que Ervin también participó en la comisión que investigó a McCarthy, curiosamente también un fanático anti-Comunista, como Nixon. La Historia no deja de ser entrañablemente sarcástica.
Además, dos días antes de que McCord enviase su carta a Sirica, el 21 de marzo, John Dean le dijo a Nixon: “Tenemos un cáncer cercano a la presidencia que está creciendo”, y también le comenta que los “burglars” están pidiendo dinero a cambio de su silencio y que podía ser que al final necesitaran un millón de dólares. La respuesta del Presidente fue tajante “podríamos conseguirlo…” No se cortó ni un pelo, al fín y al cabo, un presidente es un hombre que sabe tomar decisiones y no debe dudar.
Ahora sí hemos alcanzado el 23 de marzo bien situados. Tenemos un juicio abierto contra los asaltantes y dos detenidos más. Todo vinculado al CRP de una manera u otra, muchos lazos con la CIA y una presión ciudadana y política creciente que desemboca en la creación de una Comisión de Investigación. Sin embargo, poco se había sacado en claro de todo ello hasta que McCord decidió mandar la carta al juez.
Entonces, a la vista de los hechos (los mencionados en la carta, al final del capítulo anterior), Sirica decidió hacer pública la confesión e impuso condenas muy duras a los imputados, que iban de los 20 y los 40 años, con la intención de forzar a la defensa a cooperar, ya que habían cometido perjurio en la sala del juicio.
El 6 de abril, esto es, a las dos semanas, entra en juego otro hombre clave: John Dean. Hasta ahora le hemos visto cerca del Presidente, primero siendo mencionado por el Presidente como el hombre que había investigado el asunto [asalto al Watergate] y no encontró implicaciones en la Casa Blanca, después resumiendo las acusaciones contra la presidencia y diciendo que “eso no era nada” y por último diciéndole al Presidente que el escándalo del Watergate era un cáncer y que tal vez haría falta un millón de dólares para callar a los condenados. Pero eso sí que no era nada comparado con el protagonismo que iba a ganar.
Dean era el asesor presidencial y consejero sobre temas legales. Y aparte de todo lo que ya hemos visto, sumado a las declaraciones que hizo el jefe del FBI sobre que toda la información concerniente al caso le era pasada a Dean, este empezó a sospechar que tal vez él se convertiría en el cabeza de turco y no quiso pasar por ahí. Por eso, ese 6 de abril, empezó a cooperar con todos los órganos que investigaban el Watergate.
Poco después Nixon promete que el personal de la Casa Blanca comparecerá ante la Comisión mientras Dean comienza a implicar a altos cargos, con sus confesiones, en el encubrimiento del caso.
El 22 de Abril Nixon envía a Dean a Camp David para escribir un comunicado sobre el Watergate y de paso tenerle alejado.
La semana siguiente, el día 30, Nixon cambia de idea y, por televisión, anuncia la destitución de Dean, así como la dimisión de sus consejeros más cercanos: Haldeman y Ehrlichman (apodados "Berlin Walls" ya que no se separaban del Presidente). El fiscal general Kliendienst dimite también.
El caso se empezaba a cobrar víctimas de relevancia. La opinión pública estaba ya muy enterada y los medios le daban mucha cobertura.
Tanto es así que las encuestas a raíz de las dimisiones probaban que menos de la mitad de la gente creía ya que el Presidente estuviera limpio.
El 18 de Mayo empiezan a televisar la Comisión de Investigación, que había comenzado a trabajar un día antes (había tardado más de tres meses en comenzar a rodar). Además, el nuevo fiscal general, Richardson, aprueba el nombramiento de Archibald Cox como fiscal especial del Watergate.
Así van pasando las cosas, ahora televisadas, durante casi un mes. Nada más que un sobresalto más para el Presidente en este tiempo, y es que Woodward y Berstein (los periodistas del Washington Post) empiezan a revelar detalles cada vez más concretos (como que Dean discutió con Nixon sobre el encubrimiento del Watergate más de 35 veces). Pero aparte de esto el tiempo va pasando y las comisiones van haciendo su trabajo sin demasiados contratiempos.
Y haciendo su trabajo encuentran un memorando con planos detallados de la operación de asalto a la consulta del psiquiatra de Ellsberg, aquella chapuza llevada a cabo por los “fontaneros” al mando de Gordon Liddy, el “precedente” del Watergate.
A los doce días, el 25 de Junio, Dean acusa directamente a Nixon del encubrimiento del Watergate y dice que la Casa Blanca ha estado cometiendo espionaje político durante años.
Sin embargo, de momento, se estaba salvando. Nada más que los testimonios de un asesor renegado le condenaban, y eso no bastaba, ya que no había ninguna prueba en contra de la credibilidad del Presidente.
Pero esa credibilidad se desmoronaría cuando, alegando “privilegios ejecutivos”, Nixon se niega a dejar ver unos documentos presidenciales que tanto el juicio como la comisión le reclamaban. Además informó al Senador (y jefe de la Comisión de Investigación) Ervin que se negaba a declarar frente al Comité, tratando así de estancar las investigaciones.
El 16 de julio, en cambio, la situación da un giro enorme cuando, ante la televisión y el Comité, un antiguo asistente de la Casa Blanca declara que existen cintas que graban todo lo que se dice en el Despacho Oval, creyendo que confirmaba algo que Haldeman había dicho antes.
Así, de casualidad, se enteraron los estadounidenses de que había unas cintas secretas que grababan el Despacho Oval y que ni siquiera el propio Presidente conocía.
Grabaciones que cesaron dos días después de estas declaraciones por orden expresa de Nixon.
Comenzaba así la batalla que enfrentaría a la Casa Blanca contra el Comité, al mando de Ervin, contra el Juez Sirica y especialmente contra Archibal Cox, el fiscal especial para el caso.
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Hasta aquí la segunda parte del caso Watergate. En esta he tratado de introducir menos nombres para no liar la cosa.
Vamos con un resumen a grandes rasgos para los que no tengan del todo claro lo que ha pasado en estos cinco meses:
Se ha establecido un Comité para investigar el Watergate que comienza a funcionar en Mayo y que descubre los planos de una operación ilegal anterior al Watergate y que existen grabaciones del Despacho Oval.
Nixon se sitúa en el ojo del huracán cuando todos los que están a su alrededor caen y entiende que su única salida es negarse a colaborar.
Además John Dean, asesor presidencial, comienza a colaborar positivamente con los órganos que investigan el caso y acusa a los asesores Haldeman y Ehrlichman de estar implicados, así como (más tarde) al Presidente en el encubrimiento del Watergate.
Bien, así que grabaciones en el Despacho Oval. Todo parecía fácil ahora. No había sino que enseñar las cintas y demostrar la inocencia (o culpabilidad) de Nixon y sus allegados en todo el caso y punto. Sin embargo, como cabía esperar, Nixon hizo todo lo que pudo por retener las cintas en su poder y alargar las cosas.
Pero aparte de eso, fijémonos de nuevo en cómo se ha desarrollado el caso este periodo. Otra vez se presentan ciertos avances parciales del juicio y la Comisión sobre el caso, apenas pasan de ser pequeños aportes. Los grandes pasos han sido dados, de nuevo, por revelaciones de gente que estaba bien atada y sin motivo para la traición. En este caso Dean, el asesor presidencial y, aunque más que traición es un descuido, el antiguo ayudante de la Casa Blanca que revela lo de las grabaciones.
Si estos dos hombres hubieran permanecido callados, mintiendo, como pudo hacer McCord en el “capítulo” anterior (y Garganta Profunda ayudando a Woodward y Bernstein), el caso jamás hubiera pasado de la detención de 4 cubanos y un antiguo agente de la CIA que dirigía la seguridad para el CRP.
Es decir, los servicios judiciales, salvo por medio de la casualidad, no pueden enterarse de casos de corrupción si llegan a alturas donde ya hay que pedir permiso para preguntar.
De todos modos yo voy a lanzar alguna otra pregunta para quien la quiera: ¿Es útil que el poder ejecutivo pueda negarse a colaborar con el judicial alegando ciertos privilegios? Es decir, ¿cabe un escenario en que eso pudiera beneficiar a alguien más que a los propios miembros del poder ejecutivo en casos de corrupción, malversación o directamente asaltos, encubrimientos, uso de la fuerza ilegalmente, etc? Y si el Presidente cae en medio de escándalos de corrupción tan graves, ¿no deberían convocarse elecciones en vez de permitir que el Vicepresidente asuma el mando como si nada? Pensaré en ello.