sábado, julio 15, 2006

Rutina, asquerosa rutina...

Después de unas notas de junio memorables, la codicia me impulsó a coger un trabajo en el verano. Digo codicia porque en el fondo podría pasarme sin el dinero, pero pudiendo tenerlo tan sólo a cambio de venderme como ser humano, aunque sea en unas cantidades ridículas me pareció tan atractivo...
De todos modos, la rutina, el reloj, los días medidos y perfectamente predecibles desde que me despierto y hasta que salgo por la tarde han vuelto a ser una constante. He conseguido algo esencial para el que tiene un trabajo muy inferior a sus capacidades intelectuales (no me estoy tirando el rollo esque hago de mozo en una tienda...), he aprendido a no pensar.
Pero lo peor es ese asco. Esa constante necesidad de matar a mis jefes, sumidos en incomprensibles rituales inmunes a ideas evidentemente mejores que ayudarían a que los mozos no tuvieramos dolor de espalda; sacerdotes de la rutina consagrados a perpetuar lo que les dijo el jefe pese a que saben que tal vez sea peor así que de otra manera. Supresión de creatividad, exceso de autoridad y monotonía, una asfixiante monotonía que hace que sea incapaz de pensar posts en el curro...
Pero cuando me vaya a Londres con mi novia les van a dar por el culo a todos.

Un breve perfil de mis compañeros de trabajo:

Beatriz: 27 años. junta vanguardia y tradición por medio de lo peor de ambos; los prejuicios insondables de la decrepitud con la forma de comportarse frente a los temas adultos de una niña de 12 años.
Joaquín: 62 años. Paladín de la tradición. 40 años en el negocio le han convertido en algo sobrenatural. Con el aprenderás que para alguna gente el camino más corto entre dos puntos puede ser una espiral.
Ines: 50 y algo años. Accesos súbitos de autoridad y una forma de ser que varia constantemente. Sé que desea la infelicidad en los demás, pero no puedo probarlo.
Johnatan: O Panchi, 18 años. Típico ecuatoriano sin estudios. Su arquetipo de hombre sabio es alguien que haya leido el Código da Vinci. Vago como el más perro de los perros, pero si le ignoras lo suficiente no tienes que pelearte con él
Miguel padre: Nadie sabe sus años. Vive para la tienda. Forrado de pasta y aún así se enfada cuando faltan 5 centimos de un pedido. A veces los domingos va a la tienda y se mete sólo a descansar allí. Dice que se aburre en vacaciones.
Miguel hijo: el único que me cae bien. Conoce su entorno, tiene conversación y desea cambiarlo todo. Viva para sus vacaciones, para salir y se arrepiente de haber acabado en la tienda de su padre como su hermana Beatriz. Mi único amigo en la tienda, pero se va de vacaciones y el último mes no le tendré a mi lado para superar el trance.