jueves, octubre 05, 2006

Un clavo ardiendo

Mi facultad tiene algo especial, mágico. Cada mañana se me hace un mundo despertarme para ir allí, vendería mi alma por dormir siempre un poco más, una y otra vez apagando el odioso despertador para sumirme de nuevo en el feliz mundo donde los problemas se disipan en fantasías oníricas. Pero como el maldito bufido electrónico es tan molesto y la poca voluntad que tengo se alía con mis remordimientos no tengo más remedio que dirigir mis largos pasos hacia allí.
Una vez dentro, algo cambia. La sensación de estar aprendiendo algo que me fascina me rodea y me restriega por la cara que estuve a punto de no ir. Me dan ganas de ir a la biblioteca y leer toda esa montaña de libros que recomiendan los señores doctores, sin embargo mi falta de voluntad esgrime el temible argumento de “bueno, ya lo haré mañana”, se apunta un tanto y me encamina a la cafetería donde casi siempre hay alguien con quien puedo hablar y si no a la sala de ordenadores, mi viejo santuario durante el año pasado, como diría Fuentes, mi centro de apertura cognoscitiva a la totalidad de Internet.
Y si no, el campus. Alguien antes o después te dice “eh, tú” y te saca de tus pensamientos. Cuando, ya al final, todo parece perdido y hay que volver a casa siempre me pregunto si no hay algo más que pueda hacer, aferrándome a cualquier motivo para quedarme allí un rato más.

¡Vaya!, puede pensar cualquiera, parece el testimonio de un empollón cursi y empalagoso que desea contar a todo el mundo lo guay que es la universidad. Pues una de dos, o es eso, o es el relato de un chico que se apega al único sitio que no le recuerda a su ex-novia ni el infierno que se le hace la vida en su casa y trata de volcarse en un mundo que el año anterior descuidó para dedicarse a ella.
A veces uno no puede dejar de tener la sensación de que camina hacia delante, pero sobre una máquina de correr.
De momento me agarraré a mi clavo ardiendo y trataré de creer que me van bien las cosas. De momento…

1 Comments:

At 9:06 a. m., Anonymous Anónimo said...

El caso es creerselo, pero es normal que sea duro vivir esos cambios. Simplemente recuerda que es tu vida, que tienes que vivirla y que, un chico como tu, va a salir adelante siempre ;-)

 

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