Punto y seguido
Mi abuelo estaba a punto de morir, las cosas en casa iban mal, siempre lo habían ido, pero esta vez iban especialmente mal, el trabajo se hacía más y más odioso cada día y me suponía un infierno no coger el teléfono cada mañana y decir que estaba enfermo, pero, para mi vergüenza, nada de eso me importaba realmente.
Después de casi dieciocho inolvidables meses, ocultándolo entre mentiras y basura, mi novia me dijo que me dejaba porque ya no sentía lo mismo. Creo que la parte de que me dejaba porque llevaba tiempo ligando (y siendo ligada) por alguien a quien creía mi amigo se le debió olvidar. Poco a poco averigüé la verdad siguiendo los trazos de rastros turbios y saltando sin red poco seguro de si realmente quería saber lo que vería en el otro extremo. Engañado…
La última vez que hicimos el amor fue mientras mi abuelo moría, y las cosas en casa siguieron empeorando. Mi ángel voló seducido por su propio poder de seducción, destruyendo tras de sí todo cuanto habíamos hecho juntos y mi fe en mucha gente. Fortuna es una diosa cruel, le gusta jugar con nosotros.
Pero me sorprendo a mi mismo sin lágrimas cayendo por la mejilla, en algún lugar del camino entre la entereza y la insensibilidad preguntándome si lo habré asumido y superado o si ni siquiera soy consciente de que no volveré a ver a mi abuelo, de que ya no puedo querer a quien me entregué por completo y a ciegas. Preguntándome por qué no lloro, por qué no puedo llorarlo todo fuera de mi y dejarlo atrás.
Realmente no me siento mal, me siento en blanco. Vacío y muy solo. Más y más sólo cuanta más gente hay, respondiendo un descafeinado “bien” cuando me preguntan qué tal estoy y luchando con fuerza porque el dolor no traicione la mentira. Pero es el dolor del engañado, dolor por haber confiado en quien no debí, no por perderla. No por perder a mi abuelo.
Nunca había sido tan feliz, nunca caí de tan alto. Todo va bien y de repente, sin previo aviso, descarrila y te pasas días averiguando qué se ha salvado, cómo te sientes y por qué no puedes perdonar…
Cayendo a gran velocidad, consciente de lo que ocurre pero sin la menor intención de asustarme aunque sé que debería. El fondo debe de estar cerca, casi lo huelo, aunque aún no puedo verlo bien. Cuanto antes llegue antes podré comenzar a crecer de nuevo. Levantarme y caminar de nuevo.
Punto y seguido…

